Pedazos de vidas: Flor, el Bien estar

Flor susurra a la vida. Le habla muy bajito para que no se asuste, ronronea sus pasiones, oculta su voz, rompe los silencios con un suspiro, difumina su contorno.

Flor está llena de gritos, aullidos, alaridos, gruñidos, rugidos, berridos, de intensos deseos y pasiones, de triunfos, chillidos ahogados se le fijan en su garganta, presionando, oprimiendo su cuello, envolviendo sus cuerdas vocales, anudando su voz. Flor es un rumor, una sombra en el día y en la noche.

Flor espera, pero no desespera.

Flor espera, espera ser rescatada, descubierta, alabada, amada, deseada, admirada, adorada, añorada, recordada, escuchada, vivida.

Su vida está llena, pero no rebosa.

Flor tiene un marido, un hijo, un trabajo, un piso, un coche, una familia, una cuenta corriente, unos amigos, unos compañeros, una smart tv.

Flor está bien. Bien con su marido que la quiere, bien con su hijo que la adora, bien con su trabajo que le paga las facturas, bien con su coche que la lleva al supermercado, bien con su familia que se reúne en celebraciones, bien con su cuenta corriente que le permite ahorrar para las vacaciones de verano, bien con sus amigos con los que toma café los viernes, bien con sus compañeros con los que almuerza, bien con su smart tv que le acompaña por las noches.

Y así, todos los días.

Flor mira a la vida, a los demás, mira, compara, y luego, llora.

Flor está triste, y sonríe. Flor está sola, cuando habla. Flor no sabe que le pasa, porque no le pasa nada, nada. Flor se hunde, mientras nada.

Flor se casó, él se lo pidió y ella dijo sí.  Era casarse o romper, y ella siguió adelante. Luego, tocaba tener un hijo, y así fue. Su niño, su amor.

Flor es contable, como su marido, que ahora, es director financiero. Estudiaron juntos en el instituto, allí se hicieron novios, y luego, él sabía que estudiaría ADE y ella le siguió.

A Flor le gustaba viajar, siempre se había imaginado viajando por ciudades y rincones remotos, pero al terminar la carrera, comenzó a trabajar y él a progresar, así que compraron una casa, y tuvieron al pequeño.

Flor se ocupaba más del niño, llevarlo a la escuela, al médico, al parque, darle de cenar, merendar, comer, desayunar, vestirlo, ducharlo, dormirlo, acompañarlo. Se convirtió en un brazo auxiliar, en un complemento.

Flor trabaja y ahorra. Ahorra para pagar el coche, las vacaciones, la ropa, la peluquería, el gimnasio, las actividades extraescolares, el piso, los caprichos.

Sus conversaciones se transformaron en descripciones. La hora del café de los viernes con sus amigas, se convirtió en hábito, en una tarea más.

– ¿Cómo estás, Flor?

– Bien – responde.

Flor se ahoga. Al atardecer, pero sólo algunas veces, cuando vuelve del trabajo con su coche, su mente vuela con el viento al abrir las ventanillas, acelera, cambia de marcha, acelera, suena en la radio “I need a hero”, el coche corre, ella corre, el coche vuela, ella vuela, el coche quiere escapar de algo, de alguien, de si mismo. La canción termina, se escuchan anuncios, el viento no es tan fuerte, y ella ya no vuela, sólo conduce hacia su vida.

Bien estar

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