Una relación es como un folio en blanco recién sacado del paquete. Limpio, sin arrugas, “perfecto”, sin manchas, con un blanco deslumbrante, sin escribir, y por tanto, con un sinfín de posibilidades.

pbbook.jpgHablamos de cualquier relación, ya sea de pareja, amigos, laboral.

Al iniciar una relación todo está por escribir o construir. Con un folio en blanco podemos redactar nuestra historia, sin faltas de ortografía, respetando los margenes, usando correctamente los signos de puntuación, podemos decidir como será el relato, sencillo y fácil de leer, complejo, con multitud de giros narrativos, con feedbacks, cercano, en primera persona, distante, en tercera persona,  decidimos incluso, cuantos personajes lo poblaran y si lo escribiremos a máquina o a mano.

Nuestra historia se verá reflejada en ese folio blanco, que poco a poco, y con el paso del tiempo, podrá perder su color luminoso y pasar a un blanco más atenuado, tal vez, no tan espectacular pero con un tono que facilita una agradable lectura; o por el contrario, nuestro folio en blanco se llene de algunas manchas o pliegues, de alguna vez que lo dejamos sobre una mesa sucia o lo cogimos con las manos llenas de barro, o lo doblamos para guardarlo en un espacio pequeño. Podrá aparecer algún tachón, leve tan sólo eliminado con una raya, o tal vez, las palabras escritas y su significado nos resulten graves, y decidamos emborronar lo escrito, rayando una y otra vez sobre ellas, dejando una marca difícil de no ver.

Nuestro folio se irá llenando de vivencias de nuestra historia, de nuestra relación, afectada por agentes externos: el tiempo, otros, el entorno, el clima…

Llegará un día en que decidamos releer nuestra historia, contemplarla en su globalidad, repasar su sentido, su orden o desorden, valorar, en definitiva, su calidad.

Ese folio nos evocará sentimientos y emociones, recuerdos matizados por el tiempo, y al llegar al “final”, al momento actual, sostendremos nuestra hoja entre las manos contemplando su estado y contenido.

Será el momento de decidir si merece la pena continuar con el relato.

Nuestra folio impoluto, habrá desaparecido. Tal vez contenga demasiados tachones para olvidar, excesivas faltas imperdonables, poco contenido para tan larga historia, tal vez, esté colmado de machas, doblado, arrugado por discusiones y peleas.

Podremos intentar quitarle las manchas, pero seguirán ahí. Los tachones no desaparecen con tipex, tan sólo quedaran más blancos pero la marca permanecerá. Podremos planchar, acariciar, aplanar el folio, sin embargo, los surcos, más o menos profundos, del papel se resistirán a desaparecer. Las palabras escritas tendrán mayor intensidad, y los hechos relatados menor trascendencia, o todo lo contrario.

En un instante, seremos conscientes de la imposibilidad de recuperar el folio original, nuestra esplendida hoja en blanco recién sacada del paquete, limpia, sin arrugas, “perfecta”, sin manchas. Seremos consciente de cómo la hemos tratado, con cariño, con cuidado, con respecto, con desprecios.

¿Continuaremos con ella? Sabiendo que no podemos reescribirla, ni mucho menos restaurarla. Sabiendo que mientras esté presente, no podremos sacar del paquete de folios, una nueva y radiante hoja en blanco.

 

 

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