Del problema al reto

delproblemaalretoUn mismo hecho, estímulo o acontecimiento, desencadena diferentes comportamientos, respuestas y emociones entre los sujetos presentes. Ante un mismo problema, las reacciones varían de una persona a otra.

Un grupo de amigos, atacado por un extraño, puede desencadenar respuestas, en unos de huida, en otros de bloqueo y en algunos de ataque.

Recuerdo el momento en el que el médico de la Unidad del dolor nos comunicó que la terapia paliativa no era efectiva, en el caso de un familiar con grandes y constantes dolores debido a enfermedad degenerativa. Las respuestas de los que allí nos encontramos fueron diversas. Sin duda, todos compartíamos los mismos sentimientos de pena, decepción, impotencia e incluso, rabia. Sin embargo, pasados los primeros minutos, los procesos mentales de cada uno siguieron vías diferentes. Unos concluyeron que se trataba de un problema insoluble en línea con el diagnóstico médico, y por tanto, la impotencia condujo a respuestas de resignación. Otros, por el contrario, se fijaron en las terapias que aunque en un principio habían sido rechazadas por arriesgadas, ahora tomaban más fuerza.

Ante una misma realidad, los humanos activamos diferentes modos de respuestas.

¿De qué depende que activemos una respuesta u otra? Principalmente de cómo interpretemos esa realidad. Por supuesto, sin olvidar, la influencia de nuestra experiencia, personalidad, edad, cultura, etc.

Mario Alonso Puig, utiliza el concepto proveniente de la física cuántica, Colapso de onda, para explicar cómo interpretamos la realidad, así como los procesos mentales que desencadenan el modo en el que nos enfrentamos a una situación compleja y problemática.

Colapso de onda

El círculo verde (C) es nuestra realidad, el problema al cual nos enfrentamos: nos han despedido del trabajo, estamos en paro desde hace meses, me he divorciado, nuestra empresa está inmersa en un concurso de acreedores…Parecen inamovibles, nos generan impotencia, incertidumbre. Miramos nuestra realidad, y únicamente vemos el círculo verde.

Mario Alonso Puig, nos sugiere que revisemos esta creencia y  volvamos a fijarnos en el círculo verde. Si miramos, desde otro ángulo, comprobaremos que el color verde es el resultado de combinar azul y amarillo.

El círculo  azul (A) representa el problema real, sin matices. La realidad tangible, evidenciable y demostrable. Son problemas reales, que conllevan sufrimiento, dolor, que están ahí, no podemos empequeñecerlos ni minimizar su importancia. No podemos negar su existencia.

Pero para que obtengamos el verde, es necesario añadir el amarillo. Este círculo simboliza cómo veo o interpreto esa realidad tangible. Si ante esta realidad, el círculo azul, nuestra sensación es de impotencia, no puedo hacer nada, el problema será insoluble. Si, por el contrario, conseguimos eliminar el círculo amarillo, cambiándolo de color, el resultado no será un problema insoluble, si no un gran desafío. Logrando así cambiar el resultado final, ya que obtendremos otro color diferente al verde.

El problema no desaparecerá, seguiremos delante de un gran círculo azul. Pero habremos eliminado nuestra sensación de impotencia, y podremos hacerle frente. Estaremos delante de un reto, que podemos abordar, buscar soluciones y superar.

Albert Ellis en su Teoría de Racional Emotiva, ya apuntaba que si cambiamos nuestro Albert Ellis TREcírculo amarillo (B), como vivimos esa realidad, obtendremos otro resultado. Su método terapéutico intenta descubrir las irracionalidades de nuestros pensamientos y con ello, sanar las emociones dolorosas, dramatizadas y exageradas que son consecuencia de los esquemas mentales distorsionados. Ellis parte de la hipótesis de que no son los acontecimientos (A) los que nos generan los estados emocionales (C), sino la manera de interpretarlos (B). No es A quien genera C, sino B. Por tanto, si somos capaces de cambiar nuestros esquemas mentales (D) seremos capaces de generar nuevos estados emocionales (E) menos dolorosos y más acordes con la realidad, por tanto, más racionales y realistas.

No se trata, en ningún caso, de negar el problema. Ni tan siquiera de restar importancia a la situación a la cual nos enfrentamos.

Para transformar un problema en un reto, nuestra mente deberá trabajar en la búsqueda de soluciones. Si pensamos que un problema no tiene solución, nuestra mente dejará de buscar soluciones.

Por supuesto, este cambio en la manera de interpretar y vivir un problema, no asegura, en ningún caso, el éxito. Sin embargo, abre nuevos caminos, posibilidades de mejora de la situación actual. Forzamos a nuestra mente a exprimir nuestra capacidad de atención fijándonos en estímulos que habían pasado desapercibidos,  incrementamos nuestra creatividad y nuestro espíritu explorador, desarrollando así, nuestra capacidad de aprendizaje y por tanto, nuestra capacidad de respuesta.

 

 

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